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martes, 3 de febrero de 2026
Deku ahora inko parte 2 disculpen la demora
La imagen en el espejo era una bofetada a la realidad. Izuku Midoriya, o más bien, el cuerpo de Inko Midoriya, se quedó mirando con los ojos desorbitados. Cada detalle era impecablemente suyo: las facciones amables, el pelo verde y oscuro cayendo sobre sus hombros, y el cuerpo regordete que recordaba de innumerables abrazos. Un grito atrapado en su garganta se transformó en un jadeo ahogado, un sonido extrañamente femenino que solo aumentaba su pánico.
"¿Qué... qué ha pasado?", susurró, y la voz que salió fue la de su madre. Suave, temblorosa. No era suya.
Necesitaba respuestas, y las necesitaba ahora. Su primer instinto fue buscar a su madre, pero una ola de vergüenza y confusión lo detuvo. Estaba en su ropa, en su cama, en su piel. Se sentía como una violación, por más que no hubiera sido su elección. Con manos temblorosas, se apartó el pelo húmedo de la frente y se dirigió al armario. Necesitaba quitarse esa ropa de dormir, sentirla como una segunda piel que le quemaba.
Abrió las puertas y se encontró con la ropa cotidiana de su madre: vestidos sencillos, blusas, pantalones cómodos. Todo le parecía ajeno. Agarró la primera prenda que encontró, un simple vestido de verano, y se la puso torpemente. El tejido rozaba su nueva piel de una manera hipersensible, y el movimiento de sus caderas se sentía completamente extraño. Cada paso era un recordatorio de que estaba en un cuerpo que no le pertenecía.
Bajó las escaleras con el corazón martilleándole en el pecho, un pecho que sentía más pesado y prominente con cada escalón. La casa estaba en silencio, un silencio denso y ominoso. "¡Mamá!", gritó, pero la voz que resonó en la casa no era la suya. "¡Mamá, dónde estás!".
No hubo respuesta. El pánico inicial se estaba convirtiendo en un miedo frío y calculador. ¿Dónde estaba ella? ¿Era ella la que estaba en su cuerpo, tirada en un callejón? ¿O algo peor? La idea lo paralizó por un segundo. Necesitaba un teléfono, tenía que llamar a la policía, a la U.A., a Aizawa-sensei, a alguien.
Buscó frenéticamente en la cocina, en la sala, hasta que encontró el móvil de su madre sobre la mesa de centro, con una montaña de mensajes y notificaciones sin leer. Con dedos que no obedecían como querían, desbloqueó el teléfono. La pantalla se iluminó con el fondo de pantalla de ellos dos, sonriendo en una foto antigua. La punzada de nostalgia y miedo fue casi insoportable.
Justo cuando iba a marcar el número de emergencias, una notificación de un canal de noticias de hace varios días saltó en la pantalla. El titular lo heló la sangre: "Héroe caído: Deku sacrifica su vida para detener a villanos y salvar a cientos de civiles". Hizo clic en el artículo, y los videos y testimonios lo confirmaron. Su cuerpo, el de Deku, había logrado una victoria pírrica. Había muerto. Hacía días.
La noticia lo golpeó como un tren. No estaba crítico. Estaba muerto. El sacrificio, la pelea final, todo había ocurrido mientras él estaba atrapado en este limbo de silencio y vacío. Tardó días en despertar en este cuerpo. La pregunta ya no era solo "dónde está mi madre". Ahora era "qué me hizo a mí". Y lo más importante: ¿cómo podía volver si su cuerpo original ya estaba enterrado?
La desesperación comenzó a consumirlo. Estaba atrapado. Atrapado en el cuerpo de la persona que más amaba, sin saber dónde ella estaba y con la certeza de que su vida como Izuku Midoriya había terminado. Se dejó caer en el sofá, con el móvil todavía en la mano, cuando un sonido rompió el silencio sepulcral de la casa.
*Toc, toc, toc*.
Alguien estaba llamando a la puerta
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