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sábado, 21 de marzo de 2026
Deku ahora inko parte 3
Izuku se sobresaltó, el móvil casi se le escapa de las manos temblorosas. El sonido era tan normal, tan mundano, que en medio de la pesadilla que vivía, resultaba absolutamente aterrador. ¿Quién podría ser? ¿Un vecino preocupado? ¿Un reportero? ¿O algo peor, relacionado con lo que le había pasado?
Se levantó del sofá con una torpeza dolorosa, sintiendo el balanceo del vestido y el peso de un cuerpo que aún no comandaba. Se acercó a la puerta con el corazón en un nudo en la garganta. A través de la mirilla, vio una figura familiar, aunque el contexto la convertía en una amenaza.
Era Aizawa-sensei. Su profesor estaba de pie en el porche, con su característico aspecto cansado, pero sus ojos, normalmente entrecerrados y somnolientos, estaban despiertos y llenos de una preocupación palpable. Llevaba una bolsa de la compra en una mano, como si fuera una visita completamente casual, pero la tensión en sus hombros delataba lo contrario.
Izuku se quedó paralizado. Aizawa. La única persona que podría entender la anormalidad de su situación, quizás. Pero, ¿cómo explicarlo? "Hola, sensei, soy Izuku, pero estoy en el cuerpo de mi madre y mi cuerpo original está muerto"? Sonaría como el delirio de un villano o la trampa de un Quirk.
*Toc, toc, toc*. Esta vez la llamada fue más insistente.
"Midoriya-san", dijo la voz de Aizawa desde fuera, grave y calmada. "Sé que está dentro. La puerta no está cerrada con llave. Necesito hablar con usted. Es sobre Izuku".
El uso de su apellido con el sufijo "-san" y el hecho de que supiera que la puerta estaba abierta lo heló. ¿Cuánto tiempo llevaba observando? ¿Qué sabía?
Con un nudo en el estómago, Izuku tomó una decisión. No podía quedarse allí solo con sus pensamientos. Necesitaba ayuda, aunque fuera arriesgado. Respiró hondo, un aire que se sentía ajeno en unos pulmones que no eran los suyos, y lentamente giró el pomo.
La puerta se abrió con un chirrido suave. Aizawa lo miró fijamente, sus ojos analizando cada centímetro de su rostro, de su postura. Por un momento, no dijo nada, solo observó. Izuku sintió que su alma estaba siendo examinada bajo esa mirada penetrante.
"Aizawa-sensei...", logró susurrar, la voz de su madre sonando frágil y rota.
Aizawa frunció el ceño. No fue una expresión de confusión, sino de confirmación. Algo en su tono, en la forma en que se mantenía, le había delatado.
"Tu forma de pararte", dijo el profesor en voz baja, casi para sí mismo. "Incluso con el miedo en los ojos, siempre te pones en una posición que lista para el combate. No es algo que ella hiciera nunca".
Entró en la casa sin ser invitado, cerrando la puerta detrás de él. Dejó la bolsa en el suelo con un suave golpe.
"No vine a hablar con la Sra. Midoriya", continuó, sus ojos fijos en los de Izuku. "Vine a hablar contigo, Izuku. Porque hace tres días, un sensor de Quirk de la U.A. registró una anomalía energética masiva y un intercambio de conciencia justo en el lugar donde Deku... cayó. Y desde entonces, la Sra. Midoriya ha estado inexplicablemente inactiva. Demasiado conveniente, ¿no crees?".
Izuku se quedó sin aire. No estaba solo. No estaba loco. Alguien sabía. Alguien creía.
"¿Qué... qué me ha pasado?", preguntó, esta vez con una voz más firme, desesperada por la verdad.
Aizawa se pasó una mano por su cabello desordenado, el gesto de cansancio más genuino que Izuku había visto jamás.
"Eso es lo que vamos a averiguar. Pero primero, necesito que me lo cuentes todo. Desde el principio. Y olvídate de las formalidades. Aunque estés en ese cuerpo, para mí, eres Izuku Midoriya. Y vamos a encontrar una manera de arreglar esto. Te lo prometo".
La promesa de Aizawa fue como un ancla en medio de un océano de caos. Por primera vez desde que despertó, Izuku sintió una pequeña chispa de algo que no era pánico o desesperación. Era esperanza.
"Sensei...", comenzó, su voz temblorosa pero cargada de un propósito renovado. "No recuerdo mucho. Solo... una explosión de luz. Un dolor que no era mío. Y luego... silencio. Mucho silencio. Desperté aquí, días después".
Aizawa asintió, su expresión grave y comprensiva. "All For One está vencido, Izuku. Lo derrotaste. Pero en ese último instante, cuando tu poder y el suyo colisionaron, algo ocurrió. No fue un ataque planeado, sino una reacción caótica, una onda de choque de energía residual que se expandió desde el campo de batalla".
Izuku frunció el ceño, tratando de encajar las piezas. "¿Una onda de choque? ¿Pero... qué tiene que ver mi madre?".
"Tu madre no estaba allí, Izuku. Estaba aquí, en casa, como siempre", aclaró Aizawa, su tono suave pero firme. "Pero vio el final de la batalla en las noticias. Vio cómo te desmoronabas, cómo caías. En el preciso instante en que tu cuerpo... falleció, ella experimentó un shock traumático tan inmenso, una conexión emocional tan brutal contigo, que su mente se quebró".
La explicación era más simple, pero no menos aterradora. No fue un villano, no fue un Quirk enemigo. Fue el amor.
"Los teóricos de Quirks hablan de 'eventos de resonancia psíquica espontánea'", continuó Aizawa. "Son extremadamente raros, casi legendarios. Ocurren cuando un lazo emocional es tan poderoso que, ante un trauma catastrófico, puede doblar la realidad. La conciencia de tu madre, en su desesperación por no perderte, actuó como un faro. Y tu conciencia, a la deriva en el momento de la muerte, hizo lo único que pudo: fue a ese faro. Se ancló a ella".
Izuku se quedó sin aire. No fue un ataque. Fue un abrazo. Un abrazo final que se había vuelto una prisión.
"Entonces... mi conciencia está aquí porque ella no podía dejarme ir", susurró Izuku, la culpa y el amor luchando dentro de él.
"Exacto", dijo Aizawa. "Y a cambio, la conciencia de ella fue... desplazada. Empujada fuera por la fuerza bruta del intercambio. A dónde fue a parar, si sobrevivió a ese trauma, es la incógnita que debemos resolver".
"Tenemos que encontrarla", dijo Izuku, con una determinación que se sentía más propia de él. "Tenemos que..."
"Calla", lo interrumpió Aizawa, levantando una mano. Su tono se había vuelto de repente urgente y estratégico. "Izuku, escúchame con atención. Lo que te voy a decir ahora es lo más importante que oirás en tu vida".
Izuku se quedó en silencio, fijándose en su profesor.
"Oficialmente, tú estás muerto. El mundo, los villanos, los medios... todos lo creen. All For One está derrotado, pero sus seguidores y los remanentes de su imperio aún existen. Si la verdad de que 'Deku' sigue 'vivo' en el cuerpo de su madre saliera a la luz, serías un blanco. Un objetivo de un valor incalculable. Querrían estudiar este fenómeno, usarlo, o simplemente destruirlo para silenciar la última chispa de tu legado".
El peso de las palabras de Aizawa lo aplastó. Tenía razón. La esperanza se desvaneció, reemplazada por una realidad aún más aterradora.
"Entonces... ¿qué hacemos?", preguntó, con la voz apenas un susurro.
"Actuamos", dijo Aizawa, su mirada endureciéndose como el acero. "Hacemos como si nada hubiera pasado. Yo seguiré siendo el profesor preocupado por la madre de mi alumno caído. Y tú... tú serás Inko Midoriya. La madre en duelo que intenta seguir adelante con su vida".
La idea era repugnante. Sentirse como un impostor en la piel de su propia madre, representar un duelo que era suyo, pero desde el exterior. Era una violación de su memoria.
"No puedo...", protestó Izuku. "No puedo fingir que soy ella. Es... incorrecto".
"No tienes alternativa", replicó Aizawa, sin crueldad, sino con una dureza necesaria. "Cada vez que salgas de esa casa, cada vez que hables con un vecino, cada vez que vayas al supermercado, serás Inko Midoriya. Llorarás cuando sea apropiado. Sonreirás débilmente cuando te den el pésame. Aprenderás sus rutinas, sus gustos, la forma en que hablaba. Serás el mejor actor que el mundo haya visto jamás, porque de ello dependen tu vida y la posibilidad de encontrar a tu madre".
Se hizo un silencio denso en la sala. Izuku miró sus manos, las manos de su madre, y por primera vez, no solo vio a un extraño, sino a un disfraz que debía llevar a la perfección.
"¿Cómo... cómo vamos a buscarla si tengo que hacer esto?", preguntó.
"Yo lo haré", respondió Aizawa. "Oficialmente, mi investigación sobre la batalla final ha concluido. Extraoficialmente, usaré todos los recursos de la U.A. que aún queden a mi disposición para rastrear cualquier pista, cualquier anomalía energética residual que pueda llevarnos a la conciencia de tu madre. Tú céntrate en sobrevivir. En mantener la fachada. En no levantar sospechas. Eres nuestro secreto mejor guardado".
Aizawa se acercó a la mesa y recogió el móvil que Izuku había dejado caer. Lo miró un momento y luego se lo devolvió.
"Este será nuestro único canal de comunicación seguro. No hablaremos de esto en persona a menos que sea estrictamente necesario. Aprende a borrar tus rastros. A partir de este momento, tu vida anterior es un secreto que solo compartimos tú y yo. ¿Entendido?".
Izuku tragó saliva, asintiendo lentamente. El plan era una prisión, pero era una prisión con una llave. Una pequeña, casi invisible esperanza de encontrar a su madre, honrar su sacrificio y, quizás, algún día, descansar en paz.
"Entendido, sensei".
"Bien", dijo Aizawa, y su rostro se suavizó casi imperceptiblemente. "Ahora, voy a preparar un poco de té. La vecina de al lado, la Sra. Tanaka, suele pasarse sobre esta hora para ver cómo estás. Será tu primer test. Y tu primera actuación".
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